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La ayahuasca, ¿sustancia psicoactiva?

German Zuluaga R.

(Conferencia dada durante un seminario internacional de etnomedicina en la Universidad El Bosque de Bogota, Colombia)

Introducción

La fármacodependencia es un grave problema que enfrenta la humanidad. En los últimos años la oferta de sustancias ha crecido, primero con las plantas que han sido reconocidas como “alucinógenas” y posteriormente con principios activos obtenidos de la síntesis química. En años recientes ha aparecido en el panorama regional de America del Sur el empleo de un brebaje de origen vegetal conocido como “ayahuasca” o “yagé”, el cual a sido utilizado por los indígenas del noroeste amazónico desde hace siglos y que ellos consideran su planta sagrada, mediante la cual construyen un sistema de conocimiento en relación con el entorno, la salud y la realidad cultural.

Descrito por los cronistas, exploradores, antropólogos y etnobotanicos, ahora presenciamos el “boom” de la ayahuasca en las grandes ciudades de nuestro país, debido en parte a que numerosos indígenas y mestizos, curanderos o no, lo llevan consigo para ofrecer ceremonias rituales y terapéuticas. Sus sorprendentes efectos atraen la atención de la gente, aunque con un pleno desconocimiento del significado de su uso y del contexto auténtico en el que se ha desarrollado durante siglos.

Con la moda de la ayahuasca aparecen charlatanes, indígenas y mestizos, tendencias de la nueva era, modalidades de esoterismo y pseudo-científicos que se atreven a ofrecerlo, casi siempre con fines de lucro, despojándolo de su autentico sentido y proponiéndolo como una planta psicodélica.

Surge entonces la preocupación por el empleo indiscriminado y creciente de la ayahuasca en las ciudades, con connotaciones de fármacodependencia y con la posibilidad de producir trastornos psicológicos en muchos de los que se han atrevido a “vivir la experiencia”. En este articulo se quiere presentar una revisión histórica del uso de la ayahuasca y plantear un marco conceptual para comprender el valor real de esta planta, su importancia como parte de una sólida medicina tradicional indígena y las razones por las que en forma equivocada termina siendo considerada como una sustancia psicoactiva con riesgos de adicción y patología siquiátrica.

Historia de las plantas psicoactivas

La historia del hombre arcaico ha estado ligada al consumo de ciertas plantas, conocidas como psicoactivas, en contextos rituales y ceremoniales. No obstante, es poco lo que sabemos sobre la forma como llegaron a conocer las propiedades de dichas plantas y menos aún las razones originales que los llevaron a emplearlas.

En los últimos 200 años, primero la etnográfica y después las ciencias sociales en general, han abordado el estudio del fenómeno conocido como chamanismo, un extraño sistema de creencias, rituales y practicas que ha estado presente en casi todas las culturas del mundo. La palabra chamán designa al personaje con características de sacerdote, medico y brujo, que en las sociedades primitivas era el encargado de la organización material, social, cultural y espiritual de sus comunidades.

Hay serios indicios de que en el origen de casi todos los pueblos del planeta se ha dado el fenómeno del chamanismo y del uso de plantas psicoactivas. Conocemos el hongo Amanita muscaria en el centro y norte de Asia, así como en Norteamérica; el iboga a sido la planta principal en los pueblos del centro de África; varias especies de datura, el beleño y el estramonio formaron parte del patrimonio de los primitivos hombres de la cuenca del Mediterráneo; la cannabis es planta originaria del Próximo Oriente, mientas que el opio fue conocido desde tiempo inmemorable en la India y la China. En América todavía se evidencia el amplio uso de este grupo de plantas entre los indígenas, siendo la más conocida la coca, el peyote, la ayahuasca, el don diego, variedades de borrachero, la virola, el tabaco y el yopo.

Hay un consenso actual sobre la importancia que para estos pueblos primitivos representó el uso de las plantas psicoactivas en el conocimiento y manejo de la realidad. Se afirma incluso que el chamanismo y las plantas psicoactivas constituyeron la primera forma de conocimiento. Son plantas que se consideran “sagradas”, regalo del mundo mítico de los espíritus e instrumento valioso para conocer el mundo visible e invisible:

“Jamás el indio se atreverá a usar estas plantas por fuera del espacio ceremonial y sagrado que requieren. Arduo y largo es el entrenamiento para estar en condiciones de dominar su poderoso efecto. Difíciles rigores acompañan la preparación previa para su consumo ritual. Y siempre, una temerosa actitud de respeto, unida al experto manejo de cantos y bailes, soplos y conjuros, para conseguir que el rudo efecto tóxico sea reemplazado por una auténtica limpieza y purificación, y la torpe alucinación se convierta en un verdadero sendero hacia el conocimiento y la curación”

La evolución histórica de las culturas ha implicado casi siempre un abandono del consumo de plantas. No sólo se dejaron de usar, sino que fueron catalogadas como plantas demoníacas, toxicas y prohibidas para el ser humano.

Sin embargo, el ser humano en todas la épocas ha buscado experiencias psicodélicas, bien sea por razones de escapismo o recreación o bien por razones metafísicas, espirituales o artísticas. En la cultura occidental, con el posicionamiento definitivo del pensamiento racional, comienza un movimiento, liderado sobre todo por artistas, que buscan el redescubrimiento de las plantas psicoactivas. Personajes como Valerie, Rimbaud y Baudelaire hacen uso copioso del opio para buscar nuevos motivos en su arte. En 1935, Antoine Artaud, el gran filosofo y autor de teatro francés, tiene una importante experiencia con indígenas tarahumara en México quienes consumen el cactus desértico conocido como peyote. Corresponde a Gordon Wasson el primer estudio sistemático sobre los hongos psicoactivos y su uso ritual en distintos pueblos del mundo. En 1953, el farmacólogo suizo Albert Hoffman sintetiza para Laboratorios Sandoz el acido lisérgico (LSD) y junto con Wasson y el historiador de la Antigua Grecia, Carl Ruck, descubren que en las raíces de la cultura griega, de los textos de la Iliada, la Odisea y la mitología en general se puede rastrear el uso ritual de un hongo psicoactivo derivado del cornezuelo del centeno, mientras que Wasson y el botánico Peter Furst descubren que en las raíces de las escrituras de los Vedas, los textos más antiguos de la India, también esta comprometido el uso de otro hongo psicoactivo. Más adelante el antropólogo Castaneda, en una extensa obra mezclada con ficción, hace apología del uso del payote y la datura entre los indígenas de México. Poco a poco el tema de las plantas psicodélicas inunda la reflexión académica de las ciencias sociales y botánicas.

Mientras tanto, las culturas occidentales se enfrentaban al abuso del consumo de ciertas plantas, primero Inglaterra con el cultivo y comercio del opio hecho en las colonias del sudeste asiático, luego Estados Unidos con la famosa ley de 1913, en la que se declara ilegal el alcohol, mientras se permite el uso de cannabis y tabaco. Correspondió a la generación de los años 60, el famoso movimiento hippie, la generalización del consumo de la marihuana y a partir de allí, en las siguientes generaciones, del LSD y otros derivados químicos: la morfina y la heroína, la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis, uno de los últimos en llegar.

La cultura de la ayahuasca

Desde el descubrimiento de America, cronistas y misioneros describieron entre los pueblos aborígenes el consumo de diversas plantas psicoactivas. En sus primeros viajes Cristóbal Colon relató el uso del tabaco entre los indígenas caribeños, Herman Cortes el de la coca entre los pueblos alto andinos de Perú y Jimenez de Quesada entre los muiscas de la sabana de Bogotá. Con el paso de los años se identificaron muchas otras plantas estimulantes y rituales en todo el suelo americano.

Pese a que encontramos descripciones fragmentarias del uso de la ayahuasca entre pueblos indígenas del piedemonte amazónico sudamericano, su descripción completa tan sólo se realizo a finales del siglo XIX y luego en el siglo XX, gracias al aporte de antropólogos, etnobotánicos y naturalistas, y prácticamente desde hace 30 años tenemos un conocimiento más detallado de esta planta y su uso ritual, aunque de manera parcial y plagada de prejuicios.

La ayahuasca es un brebaje que los indígenas preparan a partir de un bejuco amazónico, Banisteriopsis spp. (hay más de seis especies conocidas, todas usadas con el mismo propósito) que combinan con otras plantas. En Colombia y el norte de Ecuador se prefiere las hojas de Diplopteris cabrerana, mientras que en al sur de Ecuador, Perú y Brasil predomina la mezcla con Psychotria viridis. Tanto las plantas que sirven de materia prima como el brebaje final tienen distintos nombres, de acuerdo con el grupo indígena: ayahuasca y ambiwaska entre los grupos quechua parlantes, yagé entre sionas, secoyas y cofanes, natema entre los shuar y caapi entre los pueblos tukano oriental en la frontera entre Colombia, Perú y Brasil.

Esas plantas son endémicas del piedemonte amazónico sudamericano y no se hallan en estado silvestre más allá de sus fronteras. Hoy es posible encontrarlas cultivadas en la Amazonía brasileña, la selva del Chocó Biogeográfico, y de manera aislada en jardines botánicos y colecciones de otras regiones latinoamericanas e incluso Estados Unidos. Por eso su uso ha sido exclusivo y restringido de los pueblos indígenas del piedemonte amazónico: a) ingas, kamtzá, sionas, coreguajes, cofanes y tukano oriental, en Colombia; b) tsachila, sionas, secoyas, cofanes y shuar, en Ecuador; c) lamas, chasutas, aguarunas, ashuar, mashihuengas y ashanikas, en Perú; Todos esos grupos indígenas, a pesar de sus diferencias lingüísticas, comparten paisajes, modos de producción tradicional, cosmovisiones, costumbres y sobre todo el uso de su planta sagrada. Por eso la antropología los considera “la cultura de la ayahuasca”.

Uso ritual de la ayahuasca

Aunque la ayahuasca, la planta sagrada, se uso durante siglos en ceremonias rituales colectivas guiadas por el chamán de la tribu, con la llegada de los conquistadores y misioneros su empleo fue erradicado en algunos pueblos, mientras que otros lo mantuvieron en secreto o en sincretismos religiosos que lo hacían menos sospechoso para el europeo. El contexto chamánico ha cambiado y los elementos religiosos y de ordenamiento de la naturaleza pasaron a segundo plano, por lo que hoy en día predomina un contexto medico; en efecto, los chamanes (taitas, curacas, sinchis, ai, etc.) se llaman a sí mismos médicos tradicionales y son reconocidos como grandes curanderos y expertos en plantas medicinales; emplean la ayahuasca en ceremonias rituales, terapéuticas más que religiosas, y gracias al efecto de la planta se logra el diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades.

Aunque toda la comunidad puede participar en la ceremonia y consumir la ayahuasca, la intención fundamental es promover la salud y curación de los enfermos, a quienes se les sugiere una estricta preparación previa (abstinencia de ciertos alimentos, continencia sexual, ejercicios ascéticos, procesos de purificación con plantas amargas, vomitivas y depurativas, etc.) El chamán utiliza su indumentaria ceremonial, con la tradicional cusma, collares de cuentas, cascabeles, coronas de plumas y un sinnúmero de sustancias y objetos, con los que consigue un experto dominio de la experiencia, en si mismo, en el enfermo y en todos los participantes. Mediante cantos, instrumentos musicales y bailes tradicionales, el chamán va logrando el efecto esperado.

Para el chamán y los indígenas, la ayahuasca es sobre todo una planta medicinal: es el remedio por excelencia (ambi significa remedio en quechua); y la manera de obrar es a través de una purga integral del organismo. Reacciones de vómito, diarrea, sudoración, aumento de diuresis y otros efectos depurativos, son la constante esperada de la curación chamánica y resumen su acción purgante. Lo insólito y asombroso es que el efecto purgante abarca también otras dimensiones de la persona: produce imágenes, sensaciones, reflexiones y recuerdos, casi todos relacionados con el estado de salud e específicamente con la enfermedad que se busca curar. Para el chamán forma parte del tratamiento; la pinta, como suelen llamar en español a estas reacciones no corporales, significa que el proceso terapéutico se ha dado de manera integral.

No obstante, al parecer desde tiempos precolombinos, algunos de los pueblos de la cultura de la ayahuasca han mantenido intercambios comerciales y de conocimientos con pueblos vecinos; en una actividad de trashumancia, chamanes y hierbateros recorren largas distancias, llevando consigo plantas medicinales y ofreciendo curaciones a las gentes de los pueblos y ciudades, lo que ha generado una “red de curanderismo” que se observa aún en los países andinos de la cuenca amazónica. Vestidos con sus trajes típicos, ocupan pequeños puestos de hierbas en plazas de mercado, ferias artesanales y zonas comerciales, al tiempo que ofrecen ceremonias curativas con ayahuasca.

Esta actividad, propia de los llamados indios sibundoyes en Colombia, ha dado lugar a dos fenómenos: a) las sesiones de curaciones a particulares, sin ceremonias rituales colectivas en sus comunidades, y b) el inicio de actividades comerciales, con fines de lucro, de muchos indígenas y mestizos que se hacen pasar por chamanes auténticos. Desde tiempos precolombinos existe la noción del indio de la selva, poderoso y temido por sus enormes poderes ocultos, su capacidad para curar y su conocimiento intimo de los secretos de la naturaleza. Este arquetipo es el que hoy muchos emplean, sin autorización ni legitimidad, para ofrecer servicios de curanderismo, como lo apreciamos en el muy conocido Indio Amazónico, que no es ni lo uno ni lo otro.

Las nuevas modalidades de uso de ayahuasca

El conocimiento de la ayahuasca en el mundo moderno y sus sorprendentes efectos ha atraído la atención, no sólo de científicos, sino de muchas otras personas que quieren aprovechar su potencial, con diferentes propósitos, muchos de ellos distintos del genuino y propio del mundo indígena:

  1. El uso de la ayahuasca por parte de mestizos, campesinos y en general de hombres blancos que habitan en el piedemonte amazónico, dando lugar al fenómeno del curanderismo, que se observa sobre todo en ciudades como Iquitos y Pucallpa en Perú, Tena y Pastaza en Ecuador, o Mocoa en Colombia. También son frecuentes los viajes de curanderos, indígenas o no, a las grandes ciudades. En términos generales, estos curanderos han participado a sesiones rituales con indígenas y algunos incluso han seguido un proceso formal de aprendizaje. Sin embargo, sus practicas no contemplan todo el conocimiento original de los indígenas e incorporan técnicas y conceptos que proceden de otras latitudes (espiritismo, magia negra y magia blanca, esoterismo, técnicas del New Age o de la recientes medicinas alternativas)

  2. El uso de la ayahuasca en practicas de sincretismo religioso, sobre todo originadas en Brasil, como las conocidas iglesias del Santo Daime (Daimistas, Uniao do Vegetal, A Barquiña, Francisca Gabriel, Maestro Daniel, etc.). En estos casos se conserva el contexto religioso o místico que evoca el consumo de esta planta, pero se ha dejado de lado, en casi todo, la parafernalia, el uso de plantas complementarias y la cosmovisión original indígena. Incluso los cantos y la música son transformados y pasan de ser técnicas de invocación de fuerzas de la naturaleza, a convertirse en mantras, plegarias, salmos y oraciones de exclusivo contenido religioso o filosófico. Aquí podemos afirmar que la ayahuasca ha sido extrapolado de su contexto chamánico y se integra definitivamente en una forma neo-religiosa.

  3. El uso de la ayahuasca como parte de programas de investigación científica, bien para la búsqueda de sustancias activas con actividad farmacológica, bien para dilucidar problemas de la fisiología cerebral o bien para su empleo con aplicaciones terapéuticas con parte de médicos occidentales. Es el caso de programas como el adelantado en Tarapoto (Perú) con el Centro de Experimentación de Toxicomanías, o las investigaciones farmacológicas del neuropsiquiatra chileno Claudio Naranjo o los trabajos de encefalografía del grupo interdisciplinario conformado por el antropólogo catalán Josep Feriegla.

  4. En los últimos años ha surgido una extensa moda de New Age y neo-chamanismo, cuyo origen existe en la búsqueda de nuevos paradigmas religiosos y médicos. Es frecuente encontrar a hombres que se autotitulan como chamanes y que tienen escuelas de iniciación o aprendizaje y practica en varias ciudades de Latinoamérica y Estados Unidos. En particular resaltan las experiencias de dos controvertidos antropólogos: Michael Harner y Carlos Castaneda, quienes después de trabajar como investigadores formales y académicos y tener contacto estrecho con culturas indígenas, se convirtieron en maestros de las técnicas chamánicas. La revista de publicación mensual “ Shaman's drum” esta plagada de información sobre escuelas y centros de neo-chamanismo, de fácil acceso para el hombre blanco. Este nuevo fenómeno no puede encuadrarse en una nueva practica religiosa o una nueva practica medica, en sentido escrito, y más bien debe leerse en el contexto de un nuevo humanismo filosófico, aunque recae siempre la sospecha de intereses mercantilistas y económicos.

  5. Finalmente, con el auge de las experiencias psicodélicas en el mundo occidental, muchas personas buscan la experiencia de la ayahuasca con el solo fin de experimentar las sensaciones alucinatorias de esta planta. Algunos quieren una experiencia “autentica” y viajan en búsqueda de “verdaderos chamanes”, mientras que otros ingresan a esta experiencia guiados por las oportunidades del entorno. Hoy es fácil conseguir una botella de ayahuasca por Internet o en Estados Unidos se ofrecen viajes organizados con destino a Ecuador, Perú y Brasil con el casi único objetivo de consumir esta sustancia visionaria de manos de algún pretendido chamán indígena al servicio de una agencia de viajes.

Estas nuevas modalidades tienen como denominador común el abandono parcial o total del contexto original del uso de la ayahuasca, considerado por muchos el Nuevo Dorado. Si bien son experiencias que pueden producir algún beneficio de orden físico o psicológico, dejan de lado otros elementos que los indígenas integran para que el resultado sea realmente terapéutico. Para los indígenas el tema de la ayahuasca no es tan sólo asunto de una planta poderosa, sino que forma parte de un sistema más amplio y complejo de conocimientos y prácticas tradicionales de salud. Por eso el aprendizaje del chamanismo es exigente, arduo, y puede tardar entre diez y veinte años. Se trata de aprender también la cosmovisión, los niveles de la realidad, las plantas medicinales, los cantos y bailes ceremoniales y un riguroso manejo de los difíciles efectos de las plantas sagradas.

Los no indígenas sólo valoran el brebaje de ayahuasca. Los indígenas acostumbran el uso de otras plantas coadyuvantes, tales como el yoco, los chundures, la ortiga, la waira sacha, el tabaco, sin las cuales resulta inconcebible para ellos que la ceremonia curativa pueda traer los beneficios esperados. Los no indígenas hacen una profanación de la ayahuasca, pues sólo ven el aspecto profano de una preparación de plantas y quizás los extraordinarios principios activos que contiene, mientras que para el indígena sigue siendo su planta sagrada, conectada a un intrincado y complejo sistema de relaciones con el entorno natural, la concepción de salud y enfermedad y otras técnicas complementarias que permiten descubrir el autentico potencial de su medicina tradicional.

¿Qué sabemos de la ayahuasca?

Además de los estudios botánicos sobre las plantas que se emplean para preparar el brebaje, se han realizado exhaustivos análisis fitoquímicos y farmacológicos de la ayahuasca. Y una de las más grandes incógnitas para la ciencia occidental reside en la extraordinaria combinación química de dos plantas para producir el efecto esperado.

La hojas de Diploteris cabrerana o Psychotria viridis poseen principios triptaminicos, de los cuales el más conocido es la dimetiltripatamina, un agonista de la serotonina, neurotransmisor importante para las funciones del sistema nervioso central. El problema es que esta sustancia química no puede absorberse por vía digestiva ya que una enzima presente en las paredes del estomago y del intestino delgado, la monoamino oxidasa, la inactiva. El asombro resulta al constatar que la otra planta, Banisteriopsis spp. posee una sustancia que ataca a la enzima e impide que inactive la triptamina contenida en la primera planta. Esta sustancia es el inhibidor de la monoamino oxidasa (IMAO) y es la que permite que la triptamina se absorba y pueda actuar en la sangre y los tejidos humanos. ¿Como pudo el indígena, siglos atrás, descubrir tan extraordinaria y perfecta combinación, sin tener los conocimientos químicos y la tecnología para conseguirlo? Repito, es uno de los grandes misterios para la ciencia moderna.

Son estos principios triptaminicos los que explican su efecto psicoactivo, con cambios fisiológicos en la percepción, el juicio y el raciocino. De allí que a la ayahuasca y a sus plantas constitutivas se les haya llamado alucinógenos. No obstante, aún queda mucho por resolver y la ciencia sido reductiva al tratar de explicar el complejo del uso de la ayahuasca:

  1. Debemos establecer la diferencia entre trance y alucinación. Esta última se considera un síntoma patológico en psiquiatría, caracterizado por cambios desordenados en las funciones del sistema nervioso y que puede ser el resultado de enfermedades como la esquizofrenia, producido por intoxicaciones internas (cirrosis hepática, insuficiencia renal, tirotoxicosis) o causado por intoxicaciones externas (exceso de dopamina y medicamentos para el Parkinson, intoxicación digitalica y plantas y sustancias con efectos alucinógenos).

    El trance por su parte tiene otras connotaciones. No se considera en sí una distorsión patológica, pues hay coherencia, no hay perdida de las relaciones espacio-temporales y sobre todo hay una intencionalidad y una técnica precisa que permite su aparición. El trance puede ser entendido como cambio voluntario de la consciencia ordinaria con el propósito de conocer la realidad en otra perspectiva. La historia de la humanidad se ha caracterizado por una búsqueda del trance, que puede lograrse por dos rutas: a) endógena, mediante las practicas ascéticas de oración, mantras, danzas rituales, vigilias, ayunos, mortificación, abstinencia sexual, hipnosis, psicoanálisis, actividades propias de la buscada mística y religiosa en todas las culturas, y b) exógena, mediante el consumo de plantas especiales, las cuales con un contexto adecuado, una preparación rigurosa y una serie de técnicas de uso (incluyendo algunas endógenas) permiten obtener el cambio de consciencia ordinaria.

    Es posible que la ayahuasca, usada fuera de contexto, pueda producir efectos de alucinación, caracterizados por la incoherencia y la patología de las percepciones. Pero, de acuerdo con la lección dada por los indígenas, si se usa en el contexto adecuado y respetando todas las reglas para su uso, produce trance y muy particularmente trance para la curación de enfermedades.

  2. Los estudios químicos y farmacológicos sólo se han detenido en el contenido de principios psicoactivos y sus repercusiones sobre el sistema nervioso central. Pero el brebaje de la ayahuasca contiene muchos otros principios químicos y produce muchas otras reacciones que para el indígena forman parte integral de su efecto. No es casual que la ayahuasca sea amarga y que produzca intensas reacciones de purga, en una clara acción sobre el sistema nervioso autónomo y de manera especial sobre el parasimpático. Algunos estudios aislados han comprobado que la ayahuasca tiene además actividades, colagoga, colerética, antidepresiva, antiinflamatoria y antihistamínica.

    El indígena no consume la ayahuasca para “tener experiencias psicodélicas”: para el es más importante su efecto medical y purgante, en el que lo psicodélico es apenas un componente más del proceso terapéutico.

  3. Es muy poco o casi nada lo que se ha dicho sobre el efecto de la ayahuasca, teniendo en cuenta los elementos complementarios de las técnicas chamánicas. Los cantos, por ejemplo, son extraordinarias técnicas de modulación de la acción psicotrópica de la planta; los taitas durante su largo aprendizaje conocen gran cantidad de melodías y cantos, cada uno con una finalidad, de acuerdo a las reacciones orgánicas y psicológicas que esté experimentando quien le consume. Con la aplicación de hojas de ortiga, el chamán consigue atenuar el efecto en aquellos que sufren reacciones molestas. Mediante los sahumerios y el soplo de líquidos aromáticos, la persona experimenta una sensación de tranquilidad. Gracias al uso de otro brebaje preparado con plantas frescas de la selva, el chamán puede aumentar o disminuir el tiempo de actividad de la ayahuasca.

No sobra repetir, para los indígenas el consumo de la ayahuasca no es sólo una cuestión de ingerir una planta; es un conjunto de técnicas precisas con el propósito de conseguir la curación del enfermo. Mientras la ciencia occidental no entienda tal complejidad, estaremos aún muy lejos de poder entender la plenitud la medicina tradicional indígena, de la cual la ayahuasca es tan sólo un elemento, importante sí, pero no exclusivo.

La ayahuasca, ¿un psicoactivo?

La pregunta central de este trabajo no resulta fácil de responder. Si con psicoactivo queremos decir una sustancia con principios químicos que actúan en el sistema nervioso central, la ayahuasca es un psicoactivo. Pero si quisiéramos indicar que es un alucinógeno, la respuesta dependería del contexto de uso: no es un alucinógeno, si su empleo se encuentra enmarcado en un sistema tradicional de salud, con unos condicionamientos físicos, sociales y culturales específicos.

La siguiente cuestión es: ¿cuales son los peligros y problemas de usar la ayahuasca por fuera del contexto indígena? Mencionaré algunos de los hasta ahora conocidos:

  1. Cuando su empleo se hace en un contexto que pretende imitar las formas tradicionales de los chamanes, incluso con una preparación adecuada del brebaje, lo que se espera es que no produzca los mismos beneficios terapéuticos. A lo sumo brindará una experiencia de purga y limpieza del organismo y algunas percepciones psicodélicas sin mayor coherencia. Es lo mismo que tomar medicamentos de farmacia sin una adecuada prescripción medica.

  2. Cuando se emplea con el propósito exclusivo de tener experiencias psicodélicas, podría compararse con el uso indiscriminado de plantas como la marihuana o sustancias como el LSD. Podrán experimentarse “viajes” con percepciones inusuales, alucinaciones a veces con cierto grado de coherencia, hilaridad, reflexiones profundas, pero en otras ocasiones podrá tener “malos viajes” con efectos nocivos sobre la psique; y en todos los casos la persona se encontrara con una fuerte reacción purgante, que para los propósitos recreativos es molesta e indeseable.

  3. Si se administra la harmalina, el nombre que recibe su principal sustancia psicoactiva, tal como se viene haciendo en algunos centros de experimentación en Europa y California, nos encontramos con un sucedáneo del LSD, y los efectos y peligros resultan idénticos y casi siempre nocivos. De cualquier modo, ya nos hemos alejado por completo de los fundamentos terapéuticos de la medicina indígena.

  4. Por ultimo, los auténticos chamanes logran un gran discernimiento sobre quienes pueden tomar ayahuasca. Evalúan el estado de salud del paciente, sus antecedentes psicológicos, la clase de enfermedad que padece y la pertinencia o no de brindarle el brebaje. Es frecuente que la persona participe en la ceremonia sin tomar la ayahuasca, pero participando de los otros elementos terapéuticos de la sesión. En otros casos, el chamán primero prepara al paciente con plantas, baños y otras técnicas a veces durante días, semanas o meses, antes de ofrecerle la ayahuasca. En una misma sesión colectiva, el chamán varia la dosis de ayahuasca, de acuerdo con cada paciente. Incluso, es frecuente observar que en la misma sesión y a dosis similares, unas personas tengan fuertes experiencias de purga y trance, mientras que otras apenas experimenten un ligero malestar corporal y sueño. Son pues variables conocidas y para las cuales el chamán tiene un experto conocimiento, por lo que podemos afirmar que el chamán es un verdadero científico de la ayahuasca y su medicina.

Otra pregunta debo resolver en este polémico asunto. ¿Es toxica la ayahuasca, utilizada en el contexto indígena? La palabra toxicidad aparece aquí en un doble sentido. Los primeros cronistas, naturalistas y etnobotánicos describieron la ayahuasca como una planta toxica al observar que quienes le consumían sufrían reacciones de vomito, diarrea, sudoración y otros síntomas clásicos de las intoxicaciones. No obstante, y en forma paradójica, para los indígenas esos efectos no sólo no son producto de una intoxicación, sino que reflejan el carácter desintoxicante y limpiador de las plantas. Y todos aquellos que han podido tener experiencias genuinas con chamanes de la ayahuasca, son claros en afirmar que al día siguiente sienten su cuerpo mucho más liviano y con una sensación de salud y bienestar extraordinario. La ayahuasca no produce efectos de toxicidad aguda.

Para los chamanes y miembros de las comunidades indígenas que tienen la obligación de tomar ayahuasca durante muchos años, tampoco hay evidencia de toxicidad o efectos secundarios. Por el contrario, hemos podido observar que en las comunidades del piedemonte el estado de salud de los que no participan de la medicina tradicional indígena y el consumo de la ayahuasca, suele deteriorarse con mayor facilidad y frecuencia. La mayoría de los cincuenta chamanes que conforman la Unión de Médicos Yageceros de la Amazonía Colombiana supera los 65 años y todos se encuentran en magnificas condiciones de salud, con la excepción de algunos que por las tristes razones de la colonización tienen un déficit nutricional y unos pocos que han adquirido el vicio del licor, por lo que pueden sufrir problemas hepáticos. El consumo crónico de ayahuasca, en un contexto adecuado, no produce toxicidad alguna.

La última pregunta por resolver es: ¿Puede la ayahuasca causar fármacodependencia? Esta pregunta suscita hilaridad entre los indígenas. Es absolutamente imposible. Por el contrario, una característica de la ayahuasca es producir cada vez más resistencia para consumirlo, dado su extremo sabor amargo, su frecuente efecto de purga y malestar general y el temor que suscita la reflexión personal, cada vez más profunda, sobre su psique, su memoria. Si la fármacodependencia tiene cuatro componentes: dependencia física, dependencia psicológica, tolerancia y síndrome de abstinencia, el consumo de la ayahuasca no cumple ninguno de los cuatro requisitos. La ayahuasca no es una sustancia estimulante ni tampoco narcótica; se ha descartado el contenido de sustancias opiáceas o del grupo de las xantinas. La ayahuasca es una preparación medicinal con efectos terapéuticos definidos, incluida su acción psicoactiva.

Si el chamán lo sigue consumiendo es porque la ayahuasca es su herramienta principal para el diagnostico y tratamiento de las enfermedades, e incluso durante el aprendizaje comprende que convertirse en medico indígena significa llevar una vida de rigor y sacrificio, lo que acepta a asumirlo como un llamado, una auténtica vocación. En el contexto indígena no podemos hablar de que el público en general siga consumiendo la ayahuasca; es un planteamiento equivocado. Lo que la gente sigue buscando es la medicina integral indígena, por los beneficios que recibe una y otra vez (y muchos, incluso los chamanes, no menosprecian la importancia y el beneficio de la medicina moderna, pues saben que su propia medicina también tiene limites). No es que la gente se vuelva adicta a la ayahuasca, sino que adquiere el buen hábito de acudir a la medicina indígena. Lo mismo sucede en la cultura occidental cuando se recurre una y otra vez al médico moderno, aunque sus remedios sean desagradables o sus inyecciones dolorosas.

La recuperación de la medicina indígena

Los indígenas del piedemonte amazónico que conforman la cultura de la ayahuasca han tomado consciencia de los problemas inerrantes a su medicina y al uso de la ayahuasca: charlatanería; trafico de ayahuasca, plantas medicinales y otros recursos genéticos propios de su patrimonio; la declaración de patentes y derechos de propiedad intelectual para la ayahuasca y otras plantas; perdida de la transmisión de conocimientos entre los jóvenes de sus propias comunidades; sincretismos inadecuados y descontextualización de la medicina indígena y su planta sagrada; perdida de su cultura y sus territorios, necesarios para el desarrollo auténtico de su medicina.

Por eso iniciaron un proceso de recuperación, defensa y fortalecimiento de la medicina indígena. Se reunieron en 1999, en el poblado indígena de Yurayaco (Caqueta), 40 de los últimos taitas auténticos, pertenecientes a siete pueblos indígenas. Conformaron así la Unión de Médicos Indígenas Yageceros de la Amazonía Colombiana, UMIYAC; nombraron sus autoridades tradicionales y sus representantes ante el mundo occidental y comenzaron un arduo proceso de purificación de su medicina. Un año después redactaron un Código de Ética de la Medicina Indígena que prefieren llamar El Pensamiento de los Mayores, en el que ofrecen al mundo moderno un dialogo ínter-cultural para el estudio y el respeto de su medicina, así como orientaciones importantes sobre como distinguir entre un chamán autentico y un charlatán.

En estos años se han reunidos con otros 10 pueblos indígenas del piedemonte en Ecuador y Perú, dando inicio a sendos procesos de unión de chamanes, para poder, de manera conjunta, ofrecerle al mundo una medicina que puede ayudarnos a resolver problemas que aún no hemos solucionado desde la nuestra.

En la medicina moderna será casi imposible controlar la mala práctica profesional, la charlatanería y el mercantilismo. Lo mismo sucede con la medicina indígena; los auténticos chamanes, unidos y organizados, podrán dar pautas y orientaciones seguras sobre los verdaderos médicos indígenas y el contexto adecuado para que la gente pueda tener acceso a la ayahuasca u sus prácticas curativa.

 

   
   


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